El Planeta tiene enormes cantidades de gas natural, pero gran parte de él se encuentra en áreas alejadas de donde se necesita. Para mover este combustible de combustión más limpia a través de los océanos, el gas natural se debe convertir en gas natural licuado, también conocido como GNL, un proceso llamado licuefacción.

¿Qué es el gas natural líquido o licuado o GNL?

El gas natural es una mezcla de gases de hidrocarburos ligeros, predominantemente metano (CH4). El gas natural también contiene hidrocarburos como el etano y el propano y otros gases como el nitrógeno, el helio, el dióxido de carbono, el sulfuro de hidrógeno y el vapor de agua.

Las cantidades de estos diversos compuestos pueden variar considerablemente según la fuente y la cantidad de procesamiento que el gas haya recibido. El porcentaje de metano en el gas natural suele oscilar entre el 83% y el 99%. El segundo componente más común es el etano (C2H6), que puede oscilar entre el 1% y el 13%.

Procesamiento y uso del gas natural

Hasta hace poco, solo escuchábamos hablar de gas natural para usos de otro tipo a los que tratamos aquí. Los usos residenciales del gas natural incluyen cocinar, calentar hogares y generar electricidad, mientras que los usos comerciales del gas natural incluyen calefacción, generar electricidad, fabricar productos como fertilizantes, pinturas y medicamentos… Como combustible de vehículos de corta o larga distancia, especialmente camiones por sus ventajas en cuanto a autonomía y rendimiento. Este último uso es cada vez más habitual y se ha ido extendiendo en España y muchos otros países.

Cuando se utiliza como combustible de transporte, el gas natural se puede almacenar a bordo del vehículo como gas natural comprimido o como gas natural licuado, que es el GNL. El comprimido es la forma más prevalente, pero el licuado está viendo un mayor uso en aplicaciones de vehículos pesados, principalmente debido a su densidad de energía significativamente mayor.

¿Qué es el GNL? El GNL es un gas natural que se ha enfriado a –162° C, cambiándolo de un gas a un líquido que es 600 veces menor que su volumen en estado gaseoso. Esta reducción drástica permite que se envíe de manera segura y eficiente a bordo de buques de GNL especialmente diseñados para ello.  

El gas natural es el combustible fósil que deja una menor huella ambiental. Además, cuando se producen fugas, se disipa en el aire generando una emisión de CO2 de un 20-30% menor que otros combustibles tradicionales.