El gas natural como combustible de transporte ofrece importantes beneficios para los consumidores, el medio ambiente y la economía en  su conjunto. Proporciona una manera rápida y rentable de cumplir los objetivos clave de la UE, incluida la descarbonización del transporte por carretera y la mejora de la calidad del aire en las ciudades.

El gas como combustible para vehículos está disponible como gas natural comprimido (GNC) y gas natural licuado (GNL). Se puede usar para automóviles, furgonetas, autobuses y camiones, contando hoy en día con muchos modelos diferentes en el mercado y de distintos fabricantes. El GNL también se está convirtiendo en el combustible de elección para la industria náutica, debido a sus bajas emisiones de azufre.

El gas natural es una alternativa al petróleo disponible de inmediato, con menos emisiones que cualquier otro combustible de hidrocarburo y no emite prácticamente ninguno de los contaminantes que afectan al aire y se están sometiendo cada vez a más regulaciones en áreas con tráfico denso.

Los vehículos alimentados por gas natural son más silenciosos en comparación con el diesel y ofrecen un menor coste total de propiedad en comparación con los combustibles convencionales. Además, la tecnología utilizada en los vehículos de gas natural es madura y segura.

El gas natural también ofrece importantes sinergias con biometano a partir de residuos y biomasa o gas sintético producido con energía eólica y solar. Al utilizar gas renovable, se logra una movilidad casi neutra en carbono sin ningún impacto en la infraestructura y la tecnología del vehículo.

En resumen, son muchas las ventajas del gas natural para uso en el transporte, ya sea por carretera o ciudad, e incluso en el mar.